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Técnica cognitiva: La detención del pensamiento

       Esta técnica, muy recurrida en psicología, tiene como objetivo reducir la frecuencia y la duración de los pensamientos negativos y las preocupaciones.

       Este tipo de pensamientos están en la base de la mayoría de los problemas de ansiedad, depresión y en numerosas patologías.

       Si fuésemos capaces de pararlos y cambiarlos, nos ahorraríamos muchos nervios. La tendencia que tenemos a “rumiar”, es decir, repetir en nuestra mente una y otra vez aquello que nos preocupa, sólo sirve para aumentar nuestro malestar y no llegar a ninguna solución constructiva de nuestros problemas.

       Esta técnica se utiliza por lo tanto, para cambiar este hábito, pues es sólo eso, un hábito, y como cualquier otro, dedicándole tiempo y paciencia, lo podemos cambiar.

La técnica es realmente fácil, sólo sigue estos pasos:

  1. Toma conciencia de lo que estás haciendo: Lo primero, como en todo, es ser capaz de darte cuenta de que estás haciendo algo perjudicial para tu salud emocional.  Muchas veces empezamos una espiral de preocupaciones y la repitos una y otra vez, casi sin darnos cuenta. Bien, pues el primer paso es que seas capaz, cada vez que lo hagas, de darte cuenta de lo que estás haciendo. Para ello, escúchate, presta atención a aquello que te pasa por la cabeza.
  2. Detén tu pensamiento: Grita interiormente (o en voz alta si te apetece y puedes), frases como: “¡Basta ya!” “¡Para de una vez!” “¡Stop!”. Tan sencillo como eso. Y aunque no lo creas, tu pensamiento parará (con tiempo y entrenamiento). Pero lo más importante es que recuerdes siempre que tu pensamiento es tuyo, y por lo tanto, tú eres el que manda, el que tiene el control, no él sobre ti.
  3. Sustitúyelo: Evidentemente, nuestra mente no puede parar de pensar, así que, si detienes el pensamiento de una preocupación, debes darle a tu mente algo con lo que sustituirlo, si no, en breve, volverá a las andadas. Las dos formas más eficaces de hacerlo es:

1)   Con distracción: ponte a hacer una tarea, ya sea mental o motora, que te distraiga y te absorba lo suficiente: contar, cantar, hablar con alguien, cocinar, pasear… Cada uno sabemos lo que nos gusta y no distrae. También puedes consultar una guía de actividades distractoras.

2)   Con pensamientos positivos: Puedes empezar a decirte mensajes que te sean agradables y reconfortantes, o incluso crearte tus propias afirmaciones y repetírtelas una y otra vez, del tipo: “Toda va bien” “No pasa nada, todo se soluciona” “Cuando llegue el momento lo sabré resolver”…

       Es una técnica realmente fácil y valiosa, y aunque a priori no lo parezca por su simpleza, funciona de verdad. Sólo requiere entrenamiento y dedicación.

Suerte!